domingo, 13 de abril de 2014

El estudio Arquitectura-g recupera una casa de pueblo con patio y huerto, en Cilleros (Cáceres).

El estudio Arquitectura-g recupera una casa de pueblo con patio y huerto, en Cilleros (Cáceres).
por Arantza Alvarez Para Diario Design
El estudio de arquitectura catalán Arquitectura-g es el autor de la rehabilitación de esta vivienda situada en la localidad de Cilleros (Cáceres).La edificación original era unatradicional casa de pueblo entre medianeras, de planta alargada y crujía estrecha, abierta en su parte trasera a un huerto. El abandono y el paso del tiempo habían llevado a la casa a un estado ruinoso.
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La propietaria quería una casa luminosa que disfrutara del aire libre y de la presencia delhuerto. El área central de la casa no gozaba de luz ni ventilación, haciéndola poco habitable. Estos condicionantes, sumados a un bajo presupuesto, llevaron a adoptar una estrategia de proyecto sencilla; vaciar y sanear totalmente el interior manteniendo las fachadas de piedra y las medianeras de tapial, organizando un nuevo interior alrededor de un patio.
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Hay ocasiones en las que lo contemporáneo no es utilizar materiales de última generación, sino aprovechar el saber hacer local y la fiabilidad de los materiales naturales adaptándose al contexto económico y geográfico. Esta es una de ellas.
Rodeando el patio se construyen cuatro forjados escalonados a distintos niveles. Cada una de estas bandejas contiene un único uso; cocina, salón, habitación 1 y habitación 2.
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El patio está presidido por un abedul, de modo que el salón y la cocina están entre el verde del interior y el verde del huerto. La sala y cocina son atravesadas por el núcleo de escaleras, evitando que la circulación invada los dormitorios, que se encuentran entre el patio y la fachada principal.
En la parte trasera de la planta baja se encuentra el salón de verano. Esta estancia está ideada para que pueda abrirse por completo tanto al patio como al huerto, para gozar del frescor de la brisa en las horas de siesta de la época estival.
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Cada habitación tiene su propio baño, abierto completamente al patio y con doble acceso, desde la propia habitación y el pasillo. El revestimiento de los baños es de baldosa esmaltada blanco brillo de 15x15cm. Además de cumplir con su labor higiénica y de impermeabilización, refleja las hojas del árbol y la luz del patio duplicando su efecto.
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Elegir un árbol de hoja caduca nos garantiza una sombra en la época más calurosa, mientras que en invierno permite la entrada del sol para calentar e iluminar las estancias. Del mismo modo, también funciona como filtro visual entre estancias.
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La pasarela de entramado metálico rodea el patio por completo, permitiendo una doble circulación interior-exterior. Aparte de funcionar como paso, en ocasiones sirve como banco donde poder sentarse, extendiendo el programa de las estancias hacia el interior del patio.
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La estructura y la construcción son de una sencillez aplastante. La obra muestra su materialidad sin complejos y contrasta de forma deliberada con las texturas irregulares del tapial y de la piedra, que se han pintado a la cal. Se ha buscado una atmósfera donde el color rojo de la cerámica y el verde intenso del abedul predominen, y sea la luz la que través de estos materiales bañe de diferentes matices las paredes y suelos a lo largo del día. El propio material cerámico nos da la textura y el color cálido deseado, por lo que no fueron necesarios pinturas ni falsos techos.
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La totalidad de la planta baja está cubierta por un gran manto de baldosín catalán de color rojo, que acompaña a los techos y define el alcorque del árbol.

\SERVERAGArquitectura-GARQUITECTURA-GProjectesCONCURSO ASCEFotografías: © José Hevia

lunes, 7 de abril de 2014

Nessie vuelve a dejarse ver…

Nessie vuelve a dejarse ver…

Pablo, ABRIL 7 2014 para ASN/nOISE
De año en año y desde 1925, la excepción confirma la regla, Nessie asoma su largo cuello en el lago escocés. De modo similar nuestra fantasmagórica autopista ribereña se deja ver desde 1976 emergiendo desde el viejo arcón de la megalomanía y el deseo faraónico.
Una obra indispensable cuya realización, compleja pero posible en los 80, se torna cada vez más improbable por la falta de políticas de estado consensuadas a largo plazo entre Ciudad y Nación, por las decisiones “urbanísticas” aisladas y tomadas por fuera de un plan estratégico y de conjunto que implique la dinámica urbana en toda su complejidad.
La discusión sobre la vieja AU2 del proyecto del 76 creció en democracia a partir de los 80, atravesó una larga licitación a partir de 2006 con una traza consensuada en túnel entre las avenidas Huergo-Madero y Alicia Moreau de Justo, se demoró en un fallo ambiguo de 2008 y reaparece hoy repentinamente. Se decidió hacerla en trinchera, se decidió hacerla a nivel, se decidió hacerla sobre nivel, se decidió hacerla en túnel, Y no se hizo.
Se fijaron y evaluaron una y mil trazas entre las cuales la propuesta bajo los diques, no por casualidad llamada “autopista invisible” surge en estos días como un proyecto avalado por ambas jurisdicciones bajo un manto de incertidumbres.
Así como en su momento era razonable, posible y adecuada la urbanización de la la Villa 31 Bis para ejecutar la traza entonces elegida, hoy este proyecto complejo técnica, urbana y financieramente, se encuentra, en su reiterada novedad, con una acumulación de nuevos obstáculos producto de la imprevisión e improvisación de las últimas décadas: la autopista no debe ser una obra aislada y desconectada, como señalara Andrés Borthagaray, del análisis de alternativas ferroviarias, conexiones fluviales, centros de transferencia de cargas y otras posibilidades para el ordenamiento y la conectividad, fundamentales para definir su dimensión, ubicación y pertinencia.
Durante los últimos 30 años hemos hablado sobre qué hacer, sin hacer, con la Villa 31 y 31 Bis permitiendo que el aumento de su magnitud cambie cualitativamente la raíz del problema. Del mismo modo, en estas tres décadas, hemos debatido sobre la autopista ribereña mientras el tránsito vehicular, de cargas, el movimiento portuario, el área central, los nuevos desarrollos urbanísticos modificaban los parámetros de la cuestión.
Es hoy razonable seguir pensando en la misma solución que fuera aprobada por el Gobierno Nacional en 1999 y revocada en 2000? Ojalá podamos ésta vez construir colectivamente una propuesta que contemple y de respuesta a las nuevas variables y a las dimensiones crecientes de los diversos flujos. Ojalá…
Para ver la nota publicada por La Nación, haga click aquí

domingo, 6 de abril de 2014

Kowloon una ciudad compactada para 12 millones de hab por km2

La ciudad amurallada de Kowloon
La Ciudad amurallada de Kowloon  fue una anomalía política de la historia colonial de Hong Kong.
Fue, por décadas, un pequeño exclave de China ubicado en el Hong Kong de Gran Bretaña. Se caracterizó por lo curioso de su existencia hasta su demolición en 1993. En 1994 se construyó un parque en su antigua ubicación.




El establecimiento de la ciudad amurallada de Kowloon, conocido como Kowloon, se remonta a la dinastía Song, cuando fue utilizado como puesto de vigilancia contra los piratas que en la zona amenazaban el comercio de sal. Situada en la península de Kowloon, junto a la isla de Hong Kong, fue reconstruido a mediados del siglo XIX como fortaleza. Tras la cesión de la isla de Hong Kong al Imperio británico en 1842, de acuerdo al Tratado de Nankín, la autoridad Qing de China creyó necesario establecer en la ciudad amurallada un punto de control para supervisar la actividad de la zona y el cumplimiento del acuerdo, ante la cada vez mayor influencia británica en el área.

El convenio para la anexión de Nuevos Territorios junto a Hong Kong a favor de Gran Bretaña por 99 años firmado en 1898 excluía a la Ciudad Amurallada, lo que permitió a China mantener sus tropas en el lugar, en cuanto no entorpeciese la actividad británica. La población era tan solo de 700 personas. Sin embargo, un año después, Gran Bretaña se arrepintió de esta parte del acuerdo y, de forma no oficial, decidió acabar con el emplazamiento militar, atacándolo en 1899. La cuestión es que de forma oficial, legalmente, la ciudad amurallada de Kowloon siguió permaneciendo en un limbo legal, fuera de la ley británica pero en el corazón de la colonia. Su desarrollo como vecindario típicamente chino, sus costumbres y su comercio no representaba ningún peligro y fue precisamente esa la clave de su progresivo crecimiento en población.

El pequeño lugar continuó siendo territorio de China y desde su aislamiento asistió ajeno a los turbulentos cambios de comienzos del siglo XX, la caída de la dinastía Qing, el establecimiento de la República China en 1911 y la posterior República Popular China en 1949.

La ciudad amurallada de Kowloon representaba un curioso e inofensivo atractivo turístico para los colonos británicos, una muestra viva de la "antigua China". Y así fue hasta1940, con la II Guerra Mundial y la invasión japonesa de Hong Kong. Las tropas de Japón destruyeron gran parte de Kowloon, desmantelando prácticamente la totalidad de la antigua muralla del fuerte para construir con sus piedras el cercano Aeropuerto Internacional Kai Tak.


Tras la rendición de Japón, el recinto ya sin murallas se convirtió en un reducto donde se agruparon los habitantes ilegales, los que ya había y, sobre todo, los recién llegados. Pese a los distintos intentos por parte de los británicos para desalojar Kowloon hasta 1948, se convirtió en un irreductible punto ya no porque desde allí se ejerciera resistencia violenta, sino por la intensa actividad comercial, sobre todo la ilegal de tráfico de opio y alcohol y la prostitución -en gran parte sostenida por la demanda del colono-, vencieron ante la pasividad de una policía de Hong Kong sin capacidad legal de actuar dentro del recinto. La fundación de la República Popular China en 1949 significó para la ciudad amurallada de Kowloon poco más que la llegada de cientos de refugiados al interior de su perímetro.

Desaparecido el muro de piedra, se levantaba día a día el aún más inexpugnable muro invisible de la ilegalidad, en torno a un pequeño lugar de apenas 100 metros por 200 metros de superficie. Un inframundo insalubre y corrupto dentro del paraíso incipiente de Hong Kong.

Para aquel entonces Gran Bretaña ya había tenido suficiente con Kowloon y simplemente se limitó a proseguir con su política de brazos caídos. Un asesinato ocurrido en 1959 desató una pequeña crisis diplomática entre las dos países, que mutuamente trataban de responsabilizarse de la falta de control. Entre tanto, la única ley que imperaba en el interior era la del Sindicato del Crimen de Hong Kong y las diferentes y violentas mafias que controlaban cada una de las actividades ilegales.

La mafia controlaba la actividad delictiva en Kowloon durante décadas sin oposición hasta que la policía de Hong Kong hizo una limpieza de delincuentes a base de violentas redadas en las que más de 3.000 policías realizaron incursiones al interior de Kowloon a comienzos de los años 70.

Pese a que ha sido descrita como el infierno de las actividades ilegales, lo cierto es que Kowloon era un lugar en el que la población se organizó sin policía, sin autoridad, sin ley escrita. La mayor parte de la población no estaba envuelta en lo delictivo y pasaba los días pacíficamente entre sus muros y sobre sus azoteas. El número de habitantes se multiplicaba día a día, situándose al final de la década en los 30.000 habitantes.
El boom.




La ciudad crecía día a día sin control. Nuevos edificios se erigían encima de las azoteas de los antiguos. Sin arquitectos, sin ingenieros, simplemente apoyándose en el edificio colindante. Las calles se estrechaban a medida que la ciudad crecía. Era imposible encontrar entre el laberinto de corredores oscuros una calle que midiera poco más de un metro de ancho. Su apelativo, Ciudad de la Oscuridad, proviene del hecho de que la luz natural constituía un auténtico privilegio del que gozaban tan sólo los habitantes de las fachadas y de la azotea. La iluminación era a base de tubos fluorescentes.



Con el paso del tiempo tanto las autoridades británicas como las chinas llegaron al consenso de calificar como realmente intolerable la situación en el recinto debido a los alarmantes índices de delito y a que las condiciones de vida, en concreto las sanitarias distaban demasiado de la vida de Hong Kong que lo rodea. En 1984 ambas partes deciden por fin acabar con el problema y en 1987 se firma el acuerdo de demolición.
los chicos juegan, en uno de los pocos lugares donde hay aire y luz, en las azoteas

las antenas de TV crecen como plantas para captar señales

carnicerias en el centro de la ciudad

un cartero recorre las calles internas

las calles de la ciudad iluminadas por tubos fluorescentes todo el día


En 1991 comienza el desalojo de la antigua ciudad amurallada, que no concluiría hasta 1993 no sin la oposición de habitantes y comerciantes que consideraban insignificantes las indemnizaciones y ayudas que recibieron (2.700 millones de HK$).
Kowloon había alcanzado una población superior a los 50.000 habitantes, malviviendo en sus escasos 0,026km², ostentando el triste récord de tener la mayor densidad de población del planeta con 1.900.000 habitantes por km².
En 1993 antes de su completa demolición y desescombro fue el lugar elegido para rodar películas de artes marciales protagonizadas por Jackie Chan como Crime Story que incluía escenas de las explosiones reales o Jean-Claude Van Damme en Bloodsport.
Sus rincones, sus oscuros y siniestros pasadizos, ese aspecto de infierno urbano ha servido para ilustrar también conocidos videojuegos como Shenmue II o Call of Duty: Black Ops.
Un grupo de japoneses estuvieron durante más de una semana recorriendo todos los rincones de la ciudad amurallada de Kowloon y confeccionaron un mapa detallado del lugar. Asimismo dos periodistas, Ian Lambot y Greg Girard tomaron en esos días multitud de instantáneas recopiladas en su libro "City of Darkness: Kowloon Walled City"

Publicado el 27/07/2013
Vídeo enconrtado en Internet sobre Kowloon, la curiosa Ciudad Amurallada existente en Hong Kong hasta principios de los 90. 











Sobre el solar donde hasta 1993 se levantaba la ciudad amurallada se construyó en 1994 un parque de estética tradicional china, con jardines, fuentes y lagos inspirados en el arte de la dinastía Qing y sin más construcción que una clásica pagoda dentro de su perímetro.
Media docena de cañones y dos pequeños tramos de muralla recuerdan al antiguo fuerte que allí se levantaba.
actual parque de la ciudad que reemplazo la antigua ciudad amurallada

miércoles, 19 de marzo de 2014

Lugano, nuevamente

Lugano, nuevamente

publicado por Pablo Pschepiurca ASN/nOISE
 
LUGANO, NUEVAMENTE 




Buscar un único culpable en una tragedia colectiva es un contrasentido, pero diluir las responsabilidades homogéneamente es hacer invisible el problema. En el caso de Lugano hay dos verdades concurrentes:1. La toma indiscriminada de tierras vacantes no es una solución racional al problema habitacional. 2. La Ley de remediación del suelo y urbanización del predio y de la Villa 20 no ha sido cumplimentada por ningún gobierno porteño desde su promulgación en 2005. 

Tres años atrás, mientras la sociedad miraba las desoladoras imágenes del Parque Indoamericano decíamos: “Vivían comprimidos y presionados en un polvorín. Calle por medio con el baldío al que aún llamamos Parque. Solo era cuestión de cruzar la calle. La cruzaron. Esta era una tragedia anunciada. Y evitable”. Como se sabe los episodios de 2010 terminaron con violencia, pérdida de vidas y promesas que hoy son palabras gastadas: la Ley1770 no se ha cumplido y los compromisos entonces adquiridos tampoco.
Como si el tiempo se hubiera detenido, los mediosvuelven a estigmatizar a los habitantes y el gobierno porteño a expresar su voluntad de urbanizar, saneary censar como si fuera ajeno al incumplimiento de laley, Miles de habitantes de la villa, que creció exponencialmente en los últimos 10 años, son vecinos sin respuestas, inquilinos sin capacidad de pago o gente hacinada, linderos todos al baldíodestinado a alojar conjuntos de viviendas subsidiados por el Estado.
Hoy las imágenes se reiteran. ésta vez sin necesidad siquiera de cruzar una calle: solo dando un paso. Y delimitando parcelas de 20m2, Y levantando casillas.

La presión de los habitantes sobre el baldío resultauna elemental cuestión de densidad, previsible, evitable, diagnosticada y denunciada. Es una ley de física básica que relaciona la fuerza con la superficie sobre la cual la misma actúa y que puede medirse como cantidad de personas hacinadas sobre hectáreas de tierra desocupada.

Aunque inscripto en un marco de ausencia depolíticas públicas o de políticas laxas y permisivas a nivel Nacional, Provincial y Municipal respecto de qué hacer con el crecimiento exponencial de las villas, que alguna vez fueron lugar de paso y hoy sondestino final, este episodio adquiere relevancia por lacondición histórica del área, por los cien años de promesas al Sur, por los sucesos de 2010, por laexistencia de una legislación vigente no aplicada.

Las condiciones estructurales que se presentan como escenario del conflicto actual en Lugano no difieren de las que desataron la toma del Indoamericano, No es que falten leyes macro olegislación específica para las 16 villas de emergencia de la ciudad, lo que falta es cumplimiento de la normativa. En tal sentido la reciente aprobación del Plan para la Comuna 8 noresulta auspiciosa ya que todo programa estaría sujeto, tal como se ha señalado, a que el financiamiento resulte sustentable, lo que en la práctica vuelve a des responsabilizar al Estado del aporte de los recursos necesarios, lo cual es suobligación: así como la presión inmobiliaria en cualquier ciudad debe ser regulada por el Estado, laregulación sobre las tierras públicas debe ser ejercida por el Estado que debe generar políticas activas para resolver la situación de los ciudadanos sin tierra ni vivienda.

En Lugano, sometido a la oscilación entre buenas intenciones e inacción de los actores políticos, seconsolidó una población no poseedora de suelo urbano, de vivienda propia ni de equipamientos básicos. Allí, generando presión sobre el espacio vacío, viven decenas de miles de habitantes mientras a su alrededor se amontonan inorgánicamente tierras vacantes de historia tan penosa como las del Indoamericano.

En tal contexto no hay intervención puntual posible: toda acción debe alejarse de la inútil metáfora y considerar al área en su conjunto desarrollandooperaciones que permitan resolver problemas de habitación y consolidar la trama barrial existente, re-zonificar áreas para nuevas viviendas en las tierras hoy ocupadas, multiplicar las experiencias de bordes equilibrados, ofrecer una salida laboral genuina,construir finalmente el Parque del Sur, redefinir las trazas viales, vincular al área con el Riachuelo y más allá, penetrando en el conurbano.

Censo, remediación, urbanización. Las mismas palabras con las que se negoció el fin de la toma de 2010 y con las que obliga la Ley de 2005. Una condena de una década al hacinamiento y la vida en condiciones indignas. Se debe a la falta de tierras?No. A la falta de recursos? No. A la falta de técnicos y propuestas? No, A la falta de interlocutores? No. A la falta de interés político en resolver el problema? Todo parece indicar que sí.

Es probable que entre los ocupantes haya algunos aprovechadores, incitadores o inescrupulosos pero eso no va en desmedro de una verdad indiscutible: el Estado sigue ausente. Con estupor y tristeza pero confirmando nuestras expectativas respecto de la inacción política reiteramos: “El Planeamiento,herramienta política, puede mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. También puede producir tragedias.”

Pablo Pschepiurca
Arquitecto

 

© Carlos Brigo. Toma de Tierras: Lugano y lluvia. 4 de Marzo.

viernes, 14 de marzo de 2014

"La ciudad es hoy un espacio de combate abierto"

Nota de tapa / Experiencias urbanas

"La ciudad es hoy un espacio de combate abierto"

Según la socióloga holandesa Saskia Sassen, la esencia de una metrópolis no está en sus construcciones nien la cantidad de habitantes, sino en el ámbito que ofrece para la vida en común. Y advierte que ese ámbito ha entrado en crisis
Por  para La Nación


Probablemente en la Biblia esté la mejor síntesis de las ideas que rondan la experiencia urbana desde hace siglos: allí están Sodoma y Gomorra, narradas en el Génesis como símbolos de corrupción y decadencia, pero también la Ciudad Santa, esa Jerusalén que en el Apocalipsis es la representación utópica del paraíso recobrado. El prolífico imaginario filosófico y literario sobre la ciudad descansa, en efecto, en una contradicción. La ciudad pensada y narrada es a la vez el lugar del progreso, la modernización, la aventura, donde los destinos se tuercen y los sueños se alcanzan, pero también el espacio del pecado, el miedo, el esnobismo y las apariencias, la soledad del individuo anónimo frente a la multitud, el escenario de la pobreza y la decadencia social.

¿En qué lugar ubicar la "imaginación sociológica" de Saskia Sassen, una de las intelectuales más influyentes de las últimas décadas para pensar la ciudad en la globalización, que se define como "contraintuitiva", más cómoda analizando las fronteras y los márgenes que los centros transitados por las teorías mainstream ? Para Sassen, la ciudad no es, parece claro, ese "libro de piedra" que Victor Hugo se proponía leer; ni está en la poesía de las multitudes anónimas que describía Charles Baudelaire; ni en la geografía personal proyectada en la Dublín de James Joyce. La ciudad que mira se parece a la que vio Georg Simmel, tan alarmado por la desconfianza, el "espíritu calculador" y la indiferencia que motivaba la vida urbana como satisfecho por la libertad que ese ambiente prometía, y también a la que estudió la Escuela de Chicago, que vio en la ciudad el laboratorio social donde observar y resolver la integración de una sociedad que se volvía más y más compleja y desigual.

Un siglo más tarde, como a Simmel y a los sociólogos de Chicago, a Saskia Sassen le preocupa el alma de las grandes ciudades, a las que ve crecientemente "desurbanizadas". Aunque crezcan en densidad poblacional y alumbren nuevos barrios y construcciones cada vez más vanguardistas, aunque elaboren "marcas" que las posicionan en el mercado de los festivales y la industria de la cultura y el turismo, las ciudades, piensa Sassen, están perdiendo su urbanidad, su carácter de espacio para la vida en común.
 
El contraste entre las viviendas de La Cava y el barrio vecino, en San Isidro (2003). Foto: AP / NATACHA PISARENKO
 


"La ciudad es un sistema complejo pero incompleto", define en diálogo con adn cultura, y describe cómo, a fuerza de guerras que ahora se combaten en las ciudades, de enfrentamientos que grupos armados del narcotráfico escenifican en terreno urbano, de la violencia del delito generada por décadas de injusticias sociales y económicas, de las fronteras invisibles que instalan las desigualdades, la ciudad está perdiendo la flexibilidad que le aseguró sobrevivir a siglos, gobiernos, organizaciones políticas y cambios sociales sin perder su identidad como espacio para la convivencia urbana. "La ciudad es hoy un espacio de combate abierto", continúa. Al cerrarse a fuerza de impersonales distritos de oficinas de vanguardia, al completarse trazando espacios privados hiperseguros y zonas empobrecidas donde sus habitantes viven igualmente encerrados, al perder, en fin, parte de su alma común, la ciudad deja de ser capaz de integrar la novedad y la diferencia.

Sassen pasó cinco días en Buenos Aires, a comienzos de este mes, junto con su marido, el sociólogo Richard Sennett, invitados por la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), con la agenda de dos rockstars pero la humildad de quienes no han cambiado la curiosidad intelectual por la impostura. En menos de una semana, pronunciaron dos conferencias cada uno y una en conjunto -todas a sala llena y casi todas con transmisión simultánea por Internet-, dieron entrevistas y se reunieron con distintos grupos de investigadores locales.

La ciudad, plantea Sassen, no es indiferente a su desurbanización. "¿La ciudad tiene un discurso, un poder de habla? Yo digo que sí. La ciudad lo tiene, pero hemos olvidado ese lenguaje, no lo vemos más, no lo entendemos. Hay muchas tendencias que van eliminando la capacidad de la ciudad de tener su voz. Pero hoy, todavía, la ciudad habla. Lo hace, por ejemplo, cuando los desarrolladores inmobiliarios construyen una plaza pública para compensar un edificio más alto, y ese espacio nunca funciona como plaza, está muerto. O cuando el tránsito de la hora pico en el centro paraliza un auto potente, hecho para grandes velocidades, y no le permite usar ninguna de esas capacidades. O en las maneras que hemos aprendido para saber cómo transitar caminando por el centro de la ciudad en esas horas pico. Eso es discurso. Cuando la ciudad no permite cosas, es la ciudad la que habla. En lo urbano hay una capacidad que le permite actuar."

-Usted habla en varios de sus trabajos de la ciudad como un espacio de disputas y contradicciones. ¿En qué medida la ciudad como espacio construido es un terreno disputado o de convivencia?

-Una pregunta anterior a esa es qué es la ciudad, porque hoy en día existe muchísimo terreno urbanizado a través de la construcción, pero que no es ciudad. Mucho de lo que llamamos ciudad es hoy sólo terreno construido densamente. Para mí la ciudad es una especie de sistema complejo pero incompleto. Y en ese rasgo de ser incompleto reside, por un lado, su capacidad de vida larguísima. Pensemos en las grandes ciudades, que sobrevivieron a imperios, reinos, repúblicas, distintos gobiernos, multinacionales, sistemas financieros, de todo, y ahí siguen. Lo complejo significa además mucha diferenciación. Lo incompleto hace que nuevas materialidades puedan instituirse. Me parece que en lo incompleto reside la capacidad y la necesidad de la ciudad de ir incorporando nuevas modalidades de orden visual y social. La ciudad está ahí, lista para recibir. Pero no sin tensiones y combates, porque cada cambio implica transformaciones. Ésta es una época en la que esas ciudades complejas y abiertas empiezan a sufrir un poco de desurbanización.

-¿En qué sentido?

-Hay muchas modalidades en que esto sucede. Una son las privatizaciones de espacios, a las que se suma el llamado "efecto sombra" que produce esta privatización alrededor, más allá de lo que es estricta y legalmente privado. Todos los countries , las comunidades cerradas y los complejos con sistemas de seguridad muy sofisticados, que pueden estar en el centro de la ciudad, instalan muros invisibles. El mismo efecto tienen los enormes shopping centers , que desplazan a una multitud de pequeños negocios que constituían la trama urbana, y algunos fenómenos muy específicos, como lo que ahora se llama el " super-prime housing market ", un mercado global de la vivienda, con propiedades que cuestan un mínimo de 25 millones de dólares en Londres, de 7 millones en Shanghái o de 29 millones en Hong Kong, ocupados por súper ricos que no participan de la vida comunitaria. Todo eso va desurbanizando el tejido urbano. Lo cívico de la ciudad, la urbanidad, se está afectando, y eso está pasando en más y más ciudades. El orden visual que nos dice "esto es ciudad" ya no habla el mismo idioma que hace unas décadas, ya es un idioma más ambiguo.

 
El poderoso perfil de Nueva York. Foto: AP / ANTHONY BEHAR
 
-Parece haber una especie de homogeneización de paisajes urbanos en los que parece que todas las ciudades son iguales, pero hacia adentro hay dinámicas diferentes.


-Exactamente. Pienso, por ejemplo, en distritos de oficinas, espacios de consumo de lujo, esas sedes de trabajo donde está la vanguardia de la arquitectura de oficinas, sobre todo en el sector financiero. Eso da la impresión, a través del orden visual, no importa cuán originales sean los arquitectos, de homogeneidad. Es verdad que uno reconoce un aeropuerto, un hotel de lujo, unshopping y una escena de consumo en cualquier ciudad global. Pero los distritos de oficinas se han vuelto en realidad infraestructuras que se pueden usar de maneras distintas. Comparé el centro financiero de Chicago con el de Nueva York y hay enormes diferencias de uso de la misma infraestructura. Un segundo aspecto surge de esto. El edificio de oficinas ya no habla el mismo idioma que hablaba hace 30 años, cuando parecía decir "me ocupo del trabajo de oficina". Hoy en día, lo que esas construcciones dicen, para un público muy especializado, es: "Tengo todo lo que necesita para hacer sus operaciones globales". Esto tiene implicaciones político-económicas. Las ciudades ya no compiten tanto entre ellas como se cree que sucede. Y a la vez van recuperando historias económicas propias y profundas.

-¿Cómo ve el futuro de las ciudades "desurbanizadas", como las describe? ¿Podrían ser reemplazadas por otro nuevo orden urbano?

-En su límite, la desurbanización debilita y hasta destruye los códigos y las restricciones que guían las prácticas cotidianas de la gente en una ciudad en funcionamiento. Permite que los actores más poderosos rehagan las ciudades a su imagen. Se ve en lo que sucede con el mercado de la vivienda para los súper ricos del que hablábamos, donde se construye una casa enorme en el lugar que antes ocupaban tres casas medianas, y que además tiene propietarios ausentes, que viven allí sólo una parte del tiempo. Eso va adelgazando el tejido urbano. Lo que hace que Buenos Aires sea una ciudad tan maravillosa es que, aun en los sectores de mayores ingresos, hay gran densidad residencial.

De márgenes y penumbras

Holandesa de nacimiento, formada en economía, sociología y filosofía, Saskia Sassen habla cinco idiomas, "pero ninguno bien", ironiza. En un reportaje público en la Unsam, durante su estadía en Buenos Aires, describió su metodología de trabajo como "contraintuitiva", su gusto por "las zonas analíticas fronterizas" y por investigar los márgenes, las penumbras y los momentos de transición. "La frontera no es una línea, sino un terreno. En ese terreno me gusta moverme, donde las cosas van mutando", dijo entonces. Quizá por eso, y por su disposición a moverse y opinar como una personalidad pública, es una figura particular en el universo intelectual.

Su multicitado libro La ciudad global , editado en 1991 por primera vez -y en español en 1999-, se plantó contra las ideas fácilmente repetidas de que la globalización trascendía los territorios y traspasaba fronteras. Según postuló entonces, la globalización tenía en realidad anclajes locales y nacionales bien precisos, inserciones territoriales y arquitectónicas, particularmente en los sectores económicos de capital transnacional, como el financiero, que se dedicó a analizar con lupa etnográfica desde entonces. Nueva York, Londres, Tokio y Fráncfort, pero también Sidney, San Pablo, México D. F. y Shanghái, comparten algunos rasgos que las hace particulares: en ellas, la globalización puede verse actuando concretamente, en las elites transnacionales de altos ejecutivos, los funcionarios de organismos internacionales y los migrantes que sostienen parte del funcionamiento y la economía globalizada, como retrató en Una sociología de la globalización , que la editorial Katz publicó aquí en 2007. Siguió en esa línea para analizar cómo buena parte de las globalizaciones sucedían en el espacio bien concreto de los Estados nacionales -lo desarrolló enTerritorio, autoridad y derechos - y el lugar de "los inmóviles" como sujetos políticos de los tiempos globales.

-¿En qué transformó la globalización el imaginario que tenemos sobre las ciudades?

-La globalización ha generado una especie de igualdad de las ciudades y de ahí surgen los proyectos de inventar festivales o buscar una marca de ciudad, para diferenciarlas. Hay una recuperación de lo cultural en ese sentido, en parte porque es una gran industria. Los festivales generan ciudadanía, pero a la vez responden a las necesidades de grandes sectores empresariales. Hoy no se visitan ciudades tanto para ver un museo específico, por ejemplo, como para tener la experiencia de su urbanidad. Pero hay una vuelta irónica, porque muchas veces se busca ver lo mismo en todas partes.
 
La Rueda del Milenio en Londres, vista desde la columna de Nelson, el monumento de Trafalgar Square. Foto: AP / KIRSTY WIGGLESWORTH
-Usted ha escrito que las ciudades han vuelto hoy a ser un prisma a través del cual mirar ciertos fenómenos de reconfiguración del orden social, como lo fueron a principios del siglo XX. ¿Qué dicen las ciudades hoy de nuestra época?
-La ciudad no es siempre la misma entidad. A principios del siglo XX, en Europa y en Estados Unidos, la ciudad era una especie de ventana a nuevas realidades, que no eran urbanas en sí mismas pero que encontraban en el espacio urbano el lugar para ejecutar un proyecto: las industrias, los mercados de trabajo, la sindicalización, las cuestiones políticas. Después vinieron una serie de décadas en las que la ciudad perdió interés, se volvió un espacio administrativo, rutinario. Y las ciudades se volvieron más pobres: en los años 60, justo antes de que empezara el cambio, si uno miraba el porcentaje que representaban las ciudades en los índices de la riqueza nacional, éste era bajo. En los años 80 comienza una nueva época, que revaloriza el espacio de la ciudad para ciertas lógicas muy específicas. Desde entonces, la ciudad nos permite ver una historia más amplia, porque es el espacio no sólo para lo urbano y lo rutinizado, sino también para lo no urbano, para aquello que encuentra en la ciudad un momento estratégico de sus operaciones en un contexto de economía global. Y además es un espacio donde se desarrollan las grandes crisis sociales, de una manera muy distinta de lo que fue a principios del siglo XX.
-¿De qué manera?
-En ese momento, la ciudad fue un espacio para la movilización, las demandas laborales, los sistemas de consumo colectivo. Hoy es un espacio de renovación muy visible si se miran las nuevas construcciones, pero que a la vez invisibiliza la tragedia social, a todos los que fueron echados de los centros urbanos. La ciudad se vuelve un espacio heurístico, pero hay que trabajar un poco para entenderlo. Si uno se fija sólo en lo visible, pierde una historia social que también tiene sus aspectos negativos muy marcados. El espacio de la ciudad se ha vuelto un espacio de combate abierto. Todas las crisis de las últimas décadas dejaron expulsiones y huellas, y hay que recuperarlas. Esto también demuestra que la ciudad se ha vuelto rígida, y por eso puede "romperse" más fácilmente. Al ir perdiendo su urbanidad, aunque aumente su densidad de edificios, se afecta su capacidad de longevidad. Vamos completándola más y más, y va perdiendo esa flexibilidad que le da supervivencia, que le permite ir cambiando.
-Le agrego un elemento más en la ciudad contemporánea: el miedo.
-Es un elemento central. Por un lado, hay muchas violencias que no son urbanas, pero que usan el espacio de la ciudad para operar. Mucho de lo que tiene que ver con las bandas armadas del narcotráfico no guarda relación con grupos o demandas urbanas. Eso también desurbaniza la ciudad. A eso hay que agregarle que las guerras, que antes se libraban en los cielos, en los grandes océanos, en los campos abiertos, también se fueron urbanizando. Y hay un tercer elemento, que es una historia de expectativas, de proyectos, de ilusiones frustradas. En los últimos veinte años hemos salido de un pasado que ha cubierto varias generaciones en el que a cada generación le iba un poquito mejor que a la anterior, y había un Estado social que facilitaba eso. Ahora, por primera vez, tenemos una generación de clase media -algo que se ve en Egipto, en España, en Estados Unidos, en Chile y creo que aquí- a la que a sus hijos e hijas les va a ir peor. Eso está generando mucha movilización, que estamos viendo, sobre todo de jóvenes de clase media, para combatirlo.
-¿Y cómo se movilizan los jóvenes más pobres?
-Para ellos, la movilización no es igualmente eficiente. En muchos barrios de muchas ciudades se restringieron las protestas, en especial para gente que ya viene caracterizada como problemática, como los inmigrantes. Justamente creo que cierto tipo de violencia urbana, que se ejercita destruyendo negocios o autos, es un acto de comunicación en ese sentido, que también genera inseguridad y miedo. Entonces, parte de esa violencia que hoy vemos viene de una historia paralela de expectativas frustradas, de desempleos masivos, de la experiencia de la cárcel, que se vuelve más y más común para tanta gente. La desigualdad desurbaniza y destruye las capacidades urbanas, es decir, esa mezcla de espacio y gente, de convivencia y transformación. Lo que estamos viendo es un momento muy visible de un proceso que se ha dado por bastante tiempo y a menudo en parte en el interior del sistema. Ahora nos asombramos de la violencia y, en Europa al menos, culpamos a los inmigrantes. No. Son historias que hemos hecho invisibles, porque esa gente no tiene voz. Hay demasiada injusticia social y se han quebrado demasiados lazos.
-¿Qué fuerzas o actores sociales pueden recuperar esas capacidades urbanas disminuidas o dañadas?
-Las capacidades urbanas son, en efecto, una mezcla de espacio urbano y actividades de las personas, que tienen su propio peso para dar forma a la trayectoria de una ciudad, y un gran tema es justamente cómo recuperarlas. Los habitantes de las ciudades necesitan reconocer y hacer visibles las muchas articulaciones invisibles que conectan diferentes áreas de una ciudad. Lugares con órdenes visuales muy diferentes, como la ciudad global y la villa global, pueden tener articulaciones múltiples, que se esconden bajo esas diferencias visuales.
-¿Qué ciudad elegiría para vivir?
-Londres. Es una ciudad que uno siente que no es solamente de los ingleses, y que está un poco menos obsesionada con el éxito y el poder que Nueva York. Distintas personas la sienten como una ciudad propia. La gran pregunta es de quién es una ciudad.
La afirmación de Sassen invita a ampliar la pregunta: ¿de quién es hoy Wall Street, la plaza Tahir en Egipto o las calles de Madrid? ¿De quiénes son los "conurbanos" de tantas grandes ciudades latinoamericanas, entre los barrios cerrados hiperseguros y los asentamientos de pobreza extrema? Italo Calvino escribió que la fuerza de una ciudad está en las preguntas que puede originar. ¿De quién es hoy Buenos Aires?

EL TEATRO DEL MUNDO

¿Qué puede decir el teatro sobre la vida en las ciudades? ¿Qué tiene que ver la experiencia del actor y del espectador con la del ciudadano? ¿De qué modo puede ser útil el arte para volver más democrático el espacio público urbano? Para responder estas preguntas, Saskia Sassen y Richard Sennett están llevando adelante un proyecto conjunto -algo inusual: ellos mismos, matrimonio hace 25 años, apuntan sus diferencias en estilo de trabajo y abordaje de sus temas de interés cuando se les pregunta por trabajos en colaboración-, con sede en Nueva York y Londres, pero que también se desarrolla, hasta ahora, en Fráncfort y en Berlín, con la colaboración de unas ochenta personas, entre investigadores sociales, arquitectos, planificadores urbanos, artistas visuales y performers .
"Theatrum Mundi/Global Street", tal el nombre del proyecto, fue presentado durante su estadía en Buenos Aires en Malba, en una conferencia conjunta que mostró una forma posible de cruzar los intereses de ambos sociólogos en un proyecto que busca repensar los espacios públicos y "reurbanizarlos".
Sennett, que además de sociólogo, es músico y maestro de músicos, aportó la mirada más cercana a las artes. "Los diseñadores urbanos tienen mucho que aprender de quienes diseñan escenas teatrales", dijo, al ligar la interacción social con los aspectos performativos del teatro; una idea que estaba presente, señaló, ya en el Renacimiento. Con imágenes de fotografías del Globe Theatre, y de salas contemporáneas como el Half Moon Theatre, el Alice Tully Hall y el Teatro della Compagnia, ilustró maneras de "informalizar" el espacio teatral, que niegan el afuera y el adentro del escenario, las zonas de los espectadores y de los actores, para pensar cómo informalizar también el espacio público. A su turno, Saskia Sassen aportó la mirada sociológica más pura, en una de sus preocupaciones habituales: cómo devolverles un lugar en la ciudad a los que no tienen acceso a los instrumentos del poder. Y señaló ciertas capacidades de las personas de hacerse presentes en espacios urbanos -formas de manifestación novedosas, usos de espacios públicos por fuera de lo convenido- como escenarios para pensar espacios alternativos. "Tenemos que aprender otra vez a hablar el idioma de la ciudad", alertó.
La ciudad global nuevas fronteras Saskia Sassen