sábado, 14 de enero de 2017

Mataderos, mi abuela y la toma del frigorífico

Mataderos, mi abuela y la toma del frigorífico

Reflexiones en torno al carácter singular de un barrio donde tienden a fundirse la ciudad y el campo.

Por Ariel Hendler
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Cuando los Croquiseros Urbanos me invitaron, hace unos pocos años, a hablar en la inauguración de su muestra de croquis hechos en Mataderos, mi primera reacción fue pensar que se equivocaron, que debía ser un error, porque yo no soy croquisero ni pertenezco a este barrio. La que sí vivió en Mataderos fue mi madre, y también sus padres, mientras que yo apenas iba un fin de semana por mes a visitar a mis abuelos hasta más o menos mis once o doce años
Sin embargo, el día que los Croquiseros se citaron en ese barrio fui y la llevé a mi mamá, a quien todos escucharon fascinados contar sus historias de la infancia.


Mi relación con Mataderos es más bien de exterioridad, o mejor dicho desde un borde, en varios sentidos. En primer lugar, porque la casa de mis abuelos maternos, una típica casa chorizo, estaba ubicada en un borde del barrio: en la calle Miralla y a una cuadra de la avenida Emilio Castro, casi en el límite con Liniers. No sólo eso, sino que también quedaba más cerca del Parque Avellaneda que de la zona del Mercado de Hacienda y el Monumento al Resero. Por eso jamás conocí esa zona de recovas y olor a ganado: las únicas cuadras que conocí del barrio fueron las cuatro o cinco de Miralla entre Emilio Castro y Juan B. Alberdi.

De hecho, Mataderos podría haber sido para mí cualquier otro barrio más o menos alejado del centro, un barrio igual a todos y sin señas particulares, el arquetipo porteño del barrio periférico: algo así como un no-lugar al revés. Ir hasta allí desde el departamento donde vivíamos, en Belgrano, era un verdadero viaje, tanto en el espacio como en el tiempo. Otra ciudad, otra época, otra vida. Recuerdo subir a la terraza y mirar fascinado el paisaje interminable de terrazas alrededor, liso y cuadriculado como un tablero de ajedrez, sin protuberancias edilicias a la vista.



Espero no caer en demasiados lugares comunes, pero la verdad es que la puerta de calle estaba siempre abierta. Lo primero que hacía mi abuela cada mañana era ir a abrirla y trabarla contra la pared. ¿Cómo explicar esta costumbre de tenerla abierta, si gracias al patio no había necesidad de aire fresco ni luz solar? Es que lo raro hubiese sido lo contrario: cerrarse a la vida colectiva, sacar patente de mala onda, de mal vecino. Había, es cierto, una puerta cancel que podía estar cerrada, pero no hubiese hecho retroceder a ningún intruso.

Mi abuelo tenía su taller textil al lado, comunicado con el patio de la casa; así que apenas bajaba la persiana cada tarde, toda la familia se sentaba en el zaguán a tomar mate, y lo mismo hacían todos los vecinos de la cuadra. No conversaban a distancia ni alzaban la voz; a lo sumo se saludaban, de modo que las tardes no era un griterío ni un jolgorio sino un momento de paz. Para conversar estaba la esquina del almacén en Miralla y Zequeira, donde se formaban corrillos permanentemente, y donde también se juntaba la muchachada.

También se jugaba al fútbol los fines de semana en esa esquina, en medio de la calle. Los que jugaban tendrían 20 años promedio y lo hacían en ropa de vestir, con pantalón largo, como si el partido se hubiera improvisado en el momento sin dar tiempo para ir a cambiase, aunque en realidad era un rito ineludible. Cuando veían venir un patrullero a una distancia de dos o tres cuadras, bien visible porque no circulaba ningún otro vehículo, el partido se interrumpía y todos los jugadores se sentaban en la vereda, apoyados contra alguna pared, hasta que la patrulla pasaba y se alejaba. Era parte del ritual.


Esto me hace pensar que ese barrio de casas bajas, con esa traza ortogonal perfecta, funcionaba casi como un panóptico de múltiples entradas en el que todos podían ver todo y nada escapaba a la mirada de nadie. Todo era transparente, y el hábito de tener la puerta abierta simplemente continuaba esta visibilidad absoluta hacia el interior de las manzanas. Lo contrario de la vida abigarrada y anónima del Centro: su opuesto perfecto.


2
Según Margarita Gutman y Jorge Ferrari Hardoy (Buenos Aires 1536-2006), todos estos barrios, parecidos entre sí, se conformaron entre las décadas de 1880 y 1910 para dar lugar a la inmigración europea, mientras al mismo tiempo el Centro reforzaba sus funciones representativas a nivel urbano y nacional. El joven Juan José Sebreli, a su vez,  en su clásico Buenos Aires, vida cotidiana y alienación, agrega que surgieron alrededor de los establecimientos industriales.

Sin embargo, Sebreli agrega que, paradójicamente, estos reductos obreros nacidos para proveer mano de obra al pujante capitalismo fabril eran en sí mismos unas islas de atraso enquistadas en el seno de la sociedad moderna; un microclima en el que predominaba un tipo de mentalidad primitiva, tradicional, mágica y supersticiosa, oriunda de las migraciones internas, y opuesta al mundo racional, mecanizado e impersonal de la fábrica y la vida urbana.

Veamos un ejemplo. Una vez, mi abuela se alarmó al verme salir por la ventana de su casa y saltar desde el alfeizar a la vereda. Era algo que yo no jamás hubiese podido hacer en mi casa, un piso once de Belgrano. Me dijo, alarmada, que tenía miedo. Me explicó que los chicos que hacen eso, salir por la ventana, no crecen y se quedan enanos. Para contrarrestar el maleficio, entonces, me hizo volver a entrar de la misma forma, desandar lo andado, y entonces se quedó tranquila.



¿De dónde venía esa superchería, y muchas otras similares? ¿Del campo, a través de las migraciones internas? ¿De Polonia, su país de origen? ¿O era autóctona de Mataderos y se transmitía en los corrillos del almacén de la esquina? Imposible saberlo, pero creo que el caso de Mataderos, en este punto, es excepcional por ser el barrio porteño fronterizo donde, quizás más que en ningún otro, convivían y conviven aún la ciudad y el campo, el mundo urbano y el rural, el ratón de campo y el ratón de ciudad de la fábula de Esopo.

Ciertamente, en Mataderos se mezclaron el proletariado y la pequeña burguesía con los reseros y peones rurales con su indumentaria de gauchos; cada grupo con sus distintas culturas, tradiciones y creencias. Esto fue así por su situación geográfica de borde urbano, esa frontera donde coexistían el Mercado de Hacienda con las industrias derivadas de la actividad ganadera, como frigoríficos y fábricas de embutidos, donde los animales vivos pasaban de las manos de los peones rurales a las del nuevo proletariado industrial que los reducía a la condición de fiambre o chorizo.

Mi madre, perito mercantil en un barrio que no tenía escuela secundaria (había que ir a Flores o Ramos Mejía), trabajó en el área administrativa de La Foresta, una gran empresa de encurtidos frente al Monumento al Resero. Es decir que el barrio funcionaba, de algún modo, como una unidad productiva y residencial autosuficiente que daba trabajo a sus habitantes en todos los rubros, como un falansterio o un kibutz. Con la diferencia de que entre sus miembros no existía el lazo de consentimiento propio de una comunidad creada a conciencia, sino que reinaban la coerción de la necesidad y la lucha despiadada por la supervivencia. 

Aunque, eso sí, con la válvula de escape de las mateadas compartidas en los zaguanes después de cada jornada laboral.


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Por esta condición de borde geográfico en el que coexistieron históricamente dos universos: el rural y el urbano industrial, Mataderos fue un escenario privilegiado para el proceso de la modernidad. Allí se pudo apreciar cómo, para insertarse en los mercados mundiales y sobrevivir bajo sus reglas, el capitalismo, el maquinismo o el taylorismo tendían a convertir a las personas en eslabones de una cadena con un trabajo monótono, impersonal y alienante.


La operación del progreso, vista así, consiste en suprimir en la mano de obra todo rasgo de particularidad ligada al viejo trabajo artesanal, así como toda marca individual, folclórica, regional o histórica tanto en el proceso como en el producto final. Lo que se cultiva allí es el trabajo universal que es también trabajo abstracto; la fuerza de trabajo entendida como un puro valor de cambio, una mercancía cuyo precio sube y baja de acuerdo a las leyes del mercado, igual que la cotización de las acciones en la Bolsa. La racionalidad de la economía política con sus variables convertibles entre sí que interactúan en un campo homogéneo: ¿Cuánto bajan las acciones del frigorífico si sube el costo de la mano de obra, o al revés?

Sin embargo, también tenemos ahí nomás, enfrente, el mundo rural del Mercado de Hacienda con sus peones rurales que traían sus habilidades y saberes preindustriales; esos gauchos apenas urbanizados con sus atuendos y sus habilidades hípicas, como las carreras de sortijas. Y unas cuadras más allá, las viviendas de los obreros y empleados: ese barrio de las puertas abiertas, del mate en el zaguán y los chicos que no van a crecer si se salen a la vereda por la ventana. De toda esa mezcla surgió, tal vez, el carácter particular y único de Mataderos.

La pregunta, entonces, es si estas dos vertientes que hacen a la particularidad del barrio entraron en conflicto o convivieron en armonía.  Para intentar responder esto tenemos un episodio excepcional como lo fue la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, en enero de 1959.

A mediados de ese mes, el gobierno de Arturo Frondizi había sancionado por ley la privatización del frigorífico municipal Lisandro de la Torre, en Mataderos, nacionalizado por Perón la década anterior. Por su volumen de actividad, ese establecimiento no sólo era altamente rentable para la ciudad de Buenos Aires sino también una herramienta única para regular los precios de la carne en todo el país. Y una enorme fuente de trabajo para el barrio. Por todo eso, apenas conocieron la decisión gubernamental, sus nueve mil empleados ocuparon la planta y declararon una huelga contra la “entrega” del frigorífico.



Lo notable es que la toma del establecimiento fue apoyada por los vecinos de Mataderos, precisamente porque el barrio funcionaba como una unidad productiva-residencial, y por lo tanto no había una sola cuadra donde alguien no trabajara de modo directo o indirecto para la industria de la carne. Es decir, era una estructura en la que no se podía mover una pieza sin que afectara a todo el resto. 
Pero, dos días después, la Policía, la Gendarmería y el Ejército, en un operativo que incluyó tropas de infantería y tanques, ingresaron por la fuerza al frigorífico para desalojar a los huelguistas y garantizar su venta.

Aunque la insurrección fue aplastada, el barrio de Mataderos se había erigido en un emblema combativo. O de la "resistencia peronista", según la versión más difundida; pero, más en general, fue la lucha del territorio y sus habitantes contra la lógica del trabajo universal abstracto y la desterritorialización. Una lucha que quizás continúa aún hoy.

domingo, 17 de julio de 2016

Pabellones, pagodas y templos: cuál es el patrimonio edilicio del zoo porteño


Pabellones, pagodas y templos: cuál es el patrimonio edilicio del zoo porteño
Publicado en Arq. Clarin
El Zoo porteño ostenta un importante patrimonio edilicio que se espera que sea conservado y restaurado en esta nueva etapa. Aquí un repaso de cuáles son sus principales edificios, y la historia de algunos de ellos.




ZOOLÓGICO. Esta construcción pintoresquista de una pagoda es ocupada actualmente por el oso panda.

Si hay un espacio de la Ciudad de Buenos Aires que atraviesa la historia de todos los porteños, ese el Zoológico. Quién no tiene una foto frente al Pabellón de los gorilas, la Pagoda de los elefantes o la Casa de los Osos. En esta nieva etapa, en la que el predio será reconvertido en un Ecoparque, se anunció que sus antiguos edificios serán incorporados a este nuevo proyecto. Vale la pena repasar su historia.


Durante una primera etapa, que se desarrolló a lo largo de la primera gestión del zoológico, entre 1888 y 1904, se construyeron sitios donde predominaba la intención de remitir al visitante al lugar de origen de cada animal. Dentro de este período, pueden mencionarse la casa de los osos, el templo hindú de las cebras, el pabellón de los loros y el de los leones.
Fue durante la gestión de Clemente Onelli, entre 1904 y 1924, que la arquitectura se volcó al estilo clásico, donde se hicieron el Templo de Vesta, el pabellón de la música, la antigua estación y la condorera.
Casa de osos

Este edificio fue construido siguiendo los principios neogóticos, un estilo que replica la arquitectura que se construyó en Europa durante un tramo de la Edad Media. Las ventanas ojivales (que terminan en punta) es un elemento emblemático de esto.

Pabellón de la jirafa

La construcción donde reside el animal más alto del establecimiento está inspirada en el arte musulmán, mientras que los capiteles de las columnas están están ornamentados con plumas, hojas de papiro y coronas de pavo real.
Pagoda

La morada actual de los osos panda (antiguamente correspondía a los elefantes) se refiere a la idea de una pagoda, un tipo de edificio religioso (generalmente budista) que se encuentra en numerosos países asiáticos, entre ellos China, Vietnam, Tailandia y Corea.
Pabellón de los loros
Fue donada por el gobierno español, y se inspira en el estilo morisco, que fue practicado en numerosas partes de España (entre ellos Granada, Valencia y Aragón) durante los años posteriores a la conversión al catolicismo de los Reyes Católicos de España en 1502.
Templo de Vesta

Fue diseñado en base a un templo dedicado a Hercúles, dentro del Foro Boario, en roma, y originalmente fue concebido como un sitio de lactancia, donde las madres pudieran amamantar a sus niños mientras paseaban por el parque.
El Jardín Zoológico de Buenos Aires está ubicado el establecimiento donde Juan Manuel de Rosas construyó una casa imponente, la cual contaba con numerosos animales que le regalaban con los cuales entretenía a las visitas: yaguaretés, guanacos, ñandúes y monos.
Con el tiempo se convirtió en residencia presidencial. Y cuando en 1852 Rosas fue derrotado en la batalla de Caseros, el lugar quedó abandonado por 20 años. Con la creación del Parque 3 de Febrero, en 1888, se inauguró el Jardín Zoológico, con una construcción donde el gusto por lo oriental fue determinante: la casa de los osos, los templos hindúes de cebúes y elefantes y los pabellones de los loros y los leones cuentan con esta impronta. Con más de 3 millones de visitantes por año, es uno de los más visitados del mundo.
ubicación


Street View












miércoles, 11 de noviembre de 2015

Pensar la ciudad conectada en presente


Pensar la ciudad conectada en presente
por Manu Fernandez para Ciudades a Escala Humana

El relato más establecido a nivel institucional sobre las smart cities se basa fundamentalmente en promesas para un futuro de las ciudades a través del despliegue de tecnologías que están aún por llegar y generarán beneficios sociales en el futuro próximo, mientras la ciudadanía, en buena medida, sólo tiene la opción de esperar a verlos hacerse realidad. El riesgo de esta lectura futurista estriba en olvidar y no reconocer las prácticas, soluciones y tecnologías que ya están sucediendo, aunque posiblemente fuera de las presentaciones comerciales de las corporaciones tecnológicas o de las planificaciones institucionales hacia la smart city. La publicidad y en general todos los recursos comunicativos del régimen discursivo de la ciudad inteligente utilizan de manera sistemática el tiempo verbal futuro en lugar de cualquier otro tiempo que pudiera indicar una posibilidad potencial o esperable. Abundando más, el uso del tiempo presente es casi testimonial en un imaginario construido a partir de la expectativa de un futuro aún por llegar formado por escenarios utópicos y pacíficos de una transformación urbana orquestada a partir de un conglomerado ordenado de tecnologías y actores particulares, Con ello, quedan fuera de esa visión futurística las tecnologías ya disponibles, la tecnología-en-uso y los actores que ya trabajan hoy con dichas tecnologías. La smart city se presenta así como una orientación estratégica hacia el futuro, altamente planificada y que es refractaria a aceptar otras formas de construcción tecnológica y otros imaginarios digitales sobre la ciudad. Estas formas, en general, encajan mal con un imaginario que se plasma generalmente a través de imágenes estáticas, diagramas jerárquicos de áreas verticales de gestión municipal, renders espectaculares y fotografías genéricas de escenarios urbanos descontextualizados. Estas formas performativas de presentar la ciudad inteligente se muestran muy rígidas para plasmar usos diarios, formas cotidianas de vivir la ciudad o dinámicas descentralizadas y asíncronas de utilizar tecnologías que hoy ya forman parte del catálogo de tecnologías disponibles y accesibles.

Esta es la principal proposición de Bell y Dourish (2006) en un artículo (Yesterday’s tomorrows: notes on ubiquitous computing’s dominant vision) en el que hacen balance de la preponderancia del uso del tiempo futuro en las propuestas de la computación ubicua y en el que sitúan el tema central de la computación ubicua en el desarrollo de urban media hoy para trabajar sobre la complejidad cotidiana. Los autores reconocen, en el momento de escribir el artículo, que el bagaje desde que los estudios de computación ubicua empezaron a imaginar el futuro ha sido muy diferente a como esos estudios pensaron que se desarrollaría, por lo que plantean pensar desde el presente . Además, ante la distancia entre el futuro imaginado y el presente realizado, los autores plantean dos escenarios para entender por qué el ideal de la computación ubicua –en nuestro caso, de la smat city- se plantea siempre como un futuro próximo. Un razonamiento sería pensar que ese ideal futuro es un imposible, que no se puede llegar a él. En este sentido, ese futuro próximo sería un futuro pospuesto indefinidamente. Frente a esta primera respuesta, ofrecen una segunda posibilidad que es la que queremos justificar en este estudio. En efecto, esa segunda posibilidad sería que el futuro próximo, en realidad, ya ha llegado, de manera que el ideal imaginado de la computación ubicua se ha cumplido pero hoy ha tomado una forma diferente a la inicialmente pensada. No son, en cualquier caso, respuestas excluyentes, como señalan los autores. Evidentemente, el futuro de la ciudad de la sociedad conectada tomará formas nuevas en las próximas décadas, pero ello no puede impedirnos entender que ya está sucediendo y tomando formas insospechadas y derivadas no previstas por la descripción genérica que se hace de las tecnologías inteligentes en los medios de reproducción de la SC.


En realidad, el gran avance de la amplia esfera de tecnologías digitales y su intersección con la vida urbana estriba en que ya se están desarrollando proyectos de smart cities desde una perspectiva del ciudadano comprometido, sin necesidad de esperar a que otros (gobiernos o empresas) desarrollen esas soluciones. Se trata de iniciativas difíciles de percibir desde las visiones y propuestas top-down que hemos analizado anteriormente, ya que se generan en un modelo distribuido, con menos recursos, de forma menos institucionalizada (con lo que quedan fuera de la espectacularización de las smart cities) y protagonizada por un ecosistema de agentes diferente en buena medida a los que participan de la visión más centrada en la smart city como administración eficiente.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Warde en Vallero plaza Jerusalén por HQ Arquitectos

Warde en Vallero plaza Jerusalén por HQ Arquitectos
por Marco Rinaldi para A AS Architecture




"Warde" es un conjunto de flores urbanas gigantes instaladas en una plaza de mercado abierto en el centro de Jerusalén, que florecen y reaccionar a los peatones y el transporte en el espacio público.



Warde
Foto © Dor Kedmi

Una instalación urbana ubicada en la Plaza Vallero, en el corazón de Jerusalén, situada en la entrada del principal mercado abierto y una estación de tranvía de la línea, se compone de cuatro personas de 30 'de altura y 30' flores amplia inflables. Esta instalación forma parte de los esfuerzos del municipio para mejorar el espacio urbano del centro de la ciudad.



Warde
Foto © Dor Kedmi

La plaza existente está en mal estado. Dividido por la línea de tranvía en dos espacios urbanos, sin ningún programa apoyado alrededor de ellos, y lleno de instalaciones urbanas inevitables como los residuos compostador y electricidad sub-estación, que un mosaico de paisaje en curso intenta solucionar el medio ambiente no coherente no podía guardar.



Warde
Foto © Dor Kedmi

El intento de Warde no era para luchar contra el caos, pero en lugar de tratar de "reforzar el espacio urbano", para difundir en torno a estos elementos fantásticos que superar la realidad de la plaza en una sola mano, y será capaz de soportar por sí mismos en el situación no realista de Jerusalén en el otro.



Warde
Foto © Dor Kedmi

Se colocaron cuidadosamente cuatro gigantes flores para ser visto desde todo alrededor de la plaza y del mercado de cerca, cada uno es separado inflado y reacciona a la situación en torno a él, así que cada vez que los peatones caminan por, las flores se inflan y se abren, y luego desinflar y más cerca al pueblo a pie. Si un transeúnte está en busca de un momento de sombra durante los calurosos días de verano, la flor se inflará y permanecer abierta hasta que la persona se va.



Warde
Foto © Dor Kedmi

Cuando el tranvía se acerca a la estación - las cuatro flores se inflarán a la vez y señalar los compradores que darse prisa si quieren coger el tranvía. El espacio urbano reacciona pronto a las personas que lo utilizan. Fuente por HQ Arquitectos.



Warde
Foto © Dor Kedmi

Lugar: Jerusalem, Israel 
Arquitectos: HQ Arquitectos 
Equipo de Proyecto: Erez Ella, Matan Sapir, Ruth Cedar 
Netta Bichovsky, Guy Balter 
Ejecutado: Individuo Ella 
música en la película: Riff Cohen 
Cliente: Municipalidad de Jerusalén 
año: 2014 
Fotografías: Dor Kedmi, cortesía de HQ Arquitectos









Warde
Foto © Dor Kedmi
Warde
Foto © Dor Kedmi
Warde
Foto © Dor Kedmi
Warde
Plan de sitio
Warde
Diagrama

viernes, 7 de agosto de 2015

Las Ciudades que supimos construir

Las Ciudades que supimos construir/destruir
Por Hugo A. Kliczkowski, arq. Agosto 1978 Colaborador AN GdMd

Se elige una región, se la secciona en partes menores y se la construye palmo a palmo hasta que no quede un solo m2 sin tapar. Para ello se lo excava bien hasta asegurarse haber profundizado por debajo de la tierra fértil hasta llegar a la tosca. Se elevan sus construcciones hasta poder parar los vientos y desviarlos, dar sombra a sus calles e impedir toda posible vista al horizonte. Se rellenan todos los intersticios con asfalto o piedra y encima se colocan latas que al moverse produzcan ruido, gases tóxicos y olor.


Se perforan las raíces de los árboles existentes, para el pase de cañerías de agua, gas y electricidad. Pero si a pesar de nuestro esfuerzo, algún arbolito floreciese en primavera, se lo tala, pues es allí donde debe ubicarse la entrada de un garaje.

Concluida la tarea con la tierra, se colocan tantas chimeneas como sean necesarias para que el sol y el aire no cometan la locura de dar vida en esa ciudad.

Terminada la primera etapa de impermeabilizar la tierra contra el aire, el sol y el agua, podemos continuar nuestra labor contaminando y agotando sus ríos y napas de agua con la certeza de que nuestra impermeabilización impedirá cualquier reposición.

Al no preveer su crecimiento, tendremos garantizado que éste será descontrolado y arbitrario; al no pensar en su gente, tendremos asegurada su destrucción. Cuando todo esto esté logrado, se espera unos años, y estarán dadas las condiciones para abandonarla y comenzar nuevamente nuestra noble tarea de creación, en otra parte de nuestro mundo.

lunes, 1 de junio de 2015

El Subte de Buenos Aires el 7° en el Mundo

El Subte de Buenos Aires el 7° en el Mundo

Primeros sistemas de metro en el mundo
1° - Inglaterra, Londres 1863 (Estación Paddington): Es el sistema de transporte más antiguo del mundo. En Londres, y el resto del mundo, suelen referirse a él como The Underground o The Tube. Cuenta con 270 estaciones y tiene una longitud de más de 400 kilómetros.
2°- Hungría, Budapest 1896 (Estación Vörösmarty tér): Es el segundo sistema de metro más antiguo del mundo y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el 2002. Tiene 3 líneas, 42 estaciones y una longitud de 30.9 km
3° - Escocia, Glasgow 1896 (Estación Buchanan): Construido en 1896, el metro de Glasgow empezó con la estación Buchanan, que hoy es una de las más concurridas en Escocia.
4° - Austria, Viena 1898: El sistema de metro (U-Bahn) consiste en cinco líneas (U1, U2, U3, U4, U6) que funcionan de manera subterránea. Fue construido en 1868.
5° - Francia, París 1900: El metro de París tiene un total de 300 estaciones y están nombradas con batallas victoriosas, monumentos, actividades y personajes históricos e importantes. Uno de los detalles más importantes de este sistema parisino es que ningún lugar está a más de 500 metros de una estación. Tiene 16 líneas y fue inaugurado en 1900.
 6° - Alemania, Berlín 1902: El metro de Berlín (U-Bahn) fue inaugurado en 1902 y cuenta con más de 140 estaciones y 9 líneas que recorren la capital alemana. La primera ruta original recorría desde la estación Knie hasta Warschauer Brüke.
7° - Argentina, Buenos Aires 1913 (Estación Perú): En Sudamérica, Buenos Aires implementó el primer sistema de metro de la región en 1913, con la Línea A y con la Estación Perú como la primera inaugurada. Actualmente, cuenta con 18 estaciones.

Coches la brugeoise


8° - España, Madrid 1919: La red de metro de Madrid recorre alrededor de 310 kilómetros repartidos en 12 líneas. La primera línea de este medio de transporte cubría la ruta desde el barrio Cuatro Caminos hasta la Puerta del Sol, con seis estaciones. Sol es una de las estaciones más antiguas.
9° - Rusia, Moscú 1935: Lámparas de araña, mosaicos, pinturas, azulejos, esculturas; el metro de Rusia es un mix de piezas que no pasan desapercibidas – por la opulencia que reflejan - para quienes se movilizan con este medio de transporte. Por ello muchos lo conocen como “el palacio subterráneo”.
El metro de Moscú, el primero del país, sirve de medio de transporte para cerca de nueve millones de personas al día y cuenta con 12 líneas y 196 estaciones.
 Las de mejor arquitectura:
1.     Canary Wharf, Londres, Inglaterra

2.     King´s Cross, Londres, Inglaterra

3.     Szent Gellért tér, Budapest, Hungría

4.     Karlsplatz Stadtbahn, Viena, Austria:

5.     U-Bahn Heidelberger Platz, Berlín, Alemania

6.     Gare du Nord, París, Francia

7.     Arts et Métiers, París, Francia

8.     Atocha, Madrid, España

9.     Drassanes, Barcelona, España

10.  Komsomólskaya, Moscú, Rusia:

11.  Kíyevskaya, Moscú, Rusia:

12.  Avtovo, San Petersburgo, Rusia

13.  Slavyansky Bulvar Station, Moscú, Rusia

14.  T-Centralen, Estocolmo, Suecia:

15.  Stadion, Estocolmo, Suecia:

16.  Westfriedhof Station, Munich, Alemania

17.  Bockenheimer Warte, Frankfurt, Alemania:

18.  St.-Quirin-Platz, Munich, Alemania

19.  Marienplatz, Munich, Alemania

20.  Toledo, Nápoles, Italia:

21. : Estación Central de Milán, Italia

22.  Oriente, Lisboa, Portugal

23.  Porto-São Bento, Oporto, Portugal

24.  Universidad de Chile, Santiago, Chile

25.  Formosa Boulevard, Kaohsiung, Taiwan

26.  City Hall Station, New York, Estados Unidos: